Interesarse por “los otros”

Diciembre 2nd, 2009 por IOS

Mario Garcimartín

Mario Garcimartín

El título de este capítulo puede inducir a error. Que nadie piense que estoy preparando las normas de comportamiento de una ONG. Lo que pretendo, modestamente, es establecer pautas de conducta.

Los otros no son sólo los próximos: hijos y pareja, padres y hermanos, amigos y vecinos; pueden ser también rivales y competidores, colegas y jefes, clientes y proveedores. Estamos obligados a tratar con todos, y probablemente nuestra educación nos permita hacerlo dentro de estilos generalmente aceptados.

Pienso, que no hay soluciones exactas para mejorar nuestras relaciones personales, pero hay una premisa: “es imprescindible que nos preocupemos de los demás”.  La famosa frase “hola, que tal estás”, encubre siempre una obligatoria dosis de hipocresía, que tarde o temprano se delata a si misma. No debemos renunciar a las cortesías habituales, pero debemos exigirnos diariamente un mínimo de sinceridad cuando sentimos las desgracias de otros o nos alegramos del éxito ajeno. Hay que tomar conciencia de que nuestras felicitaciones y nuestros pésames no sean meramente protocolarios.

Una de las habilidades mas difíciles de encontrar (al menos para mí) es la “Empatía”.  Igual que otras muchas, forma parte de la propia personalidad. Se es o no empático de la misma forma que se es moreno o rubio, pero con voluntad puede y debe adquirirse y perfeccionarse. La empatía es la capacidad de ver los asuntos como los ve el otro, desde su posición y circunstancia. No es preciso asumir su punto de vista, pero si comprender por qué piensa así. En cualquier negociación, las personas empáticas tienen ventaja, han recorrido un largo camino antes de que la parte contraria haya terminado de defender sus posiciones.

Para perfeccionar nuestra empatía, (sea ésta mucha o poca)  debemos interesarnos por la persona que tenemos enfrente; conocer sus aficiones, entender sus necesidades y objetivos. Pongámonos realmente en el lugar del otro o intentémoslo, al menos, con “sinceridad”. Pienso, que con este gesto generoso, estaremos ocupando su terreno, jugando sus cartas, viendo el problema desde más ángulos. En definitiva, siendo más eficientes.

Quiero aquí hacer una observación, la empatía no debe confundirse con la “identificación”  ni, menos aún, con la “imitación”. Hay quien por hacerse perdonar el hecho de ser diferente, adopta sin darse cuenta gestos y entonaciones del interlocutor. De hecho, un par de veces durante mi vida profesional, he visto la metamorfosis realizada en la persona; adoptando las mismas posturas, voces y gestos. El empático no pierde su personalidad, simplemente entiende a la persona y valora el porqué de sus reacciones para poderle contestar adecuadamente.

Al interesarnos por los demás estamos procurando nuestro propio beneficio. No es altruismo lo que hace progresar al mundo; gracias al deseo de obtener un beneficio por parte del panadero y del lechero, gracias a su egoísmo, podemos contar todas las mañanas con leche y pan, a tiempo y en un lugar accesible.

En cualquier caso, cuidado con pretender ganarlo todo en la transacción, porque podemos quedarnos sin interlocutor. El “da y recibirás”, debería ser una norma permanente de las personas. Hay que dar algo a cambio, en toda transacción, y no solamente en las negociaciones mercantiles o políticas. La norma del “da y recibirás” es aplicable siempre, y muy especialmente cuando se trata de relaciones personales.

Es difícil obtener la distancia existente entre nuestras aspiraciones y lo que realmente podemos conseguir, y aún más entre lo que querríamos alcanzar y lo que, en justicia, debería alcanzar la parte contraria. Entran aquí en conflicto nuestra ambición y nuestra capacidad de empatía. Yo pienso que una buena táctica sería: “Conceder primero, plantarse, y esperar la contrapartida para dar una nueva concesión, o replegarme a una posición previa hasta que el contrario abandone la posición de fuerza”.

Al hablar anteriormente de la empatía, se me ha olvidado comentar algo que considero muy importante: “La ética profesional”. Interpretar las emociones ajenas sin ninguna referencia moral, sólo puede serle útil a un tahúr durante una partida de póquer.

Cuando al ver a una persona en una situación ridícula sentimos la desagradable sensación de la tan famosa  y tan malinterpretada “vergüenza ajena”, sólo estamos evidenciando que sentimos por el otro, que su dolor también es el nuestro. Nada de esto sería posible si no sintiéramos afecto por nuestros semejantes. Por consiguiente, pienso que es muy importante utilizar la ética desde la misma empatía.

Y ya para finalizar, me gustaría dar un último repaso a uno de los aspectos que conformarían (bajo mi punto de vista) el “todo para el interés hacia los otros”, junto con la empatía y la ética: la verdad. ¡ Señores !, “la mentira no paga”. Me viene a la mente la educación que recibían los jóvenes persas; eran ejercitados en tres artes: montar a caballo, disparar con el arco y ….. no mentir. La mentira y la traición, siempre son acompañadas por el desprecio. Si las personas con las que trabajamos son de nuestro interés, “la mentira no tiene objeto”, ni siquiera para bromear. Puede que, debido a determinadas circunstancias, nos veamos obligados a ocultar la verdad, pero nunca, nunca debemos mentir. Desde luego, para mí, prefiero negarme a contestar. No seamos como los políticos: que cuando son entrevistados, “dicen brillantemente  lo que están dispuestos a decir, con absoluta independencia del contenido e intención de la pregunta”.

Saludos


Publicado en General | 1 Comentario »

Una Respuesta

  1. anonimo Dice:

    Enhorabuena por este artículo. Has abordado y estas por abordar, temas de suma importancia en el entorno laboral que desgraciadamente suelen quedarse en el olvido.
    Anónimo

Deja un comentario

Por favor: La moderación de comentarios está activada y puede ser que los comentarios tarden un poco en aparecer. No es necesario volver a publicar el comentario una segunda vez.